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viernes, 11 de diciembre de 2015

               El Vaivén de la Vida
                                           Por Yolide Mallén



                                         
¿Quién no ha sentido la tremenda experiencia de balancearse en un columpio? Si eres adulta, estoy segura que lo has experimentado y si aún eres niña o joven,  si no lo has hecho, te aseguro que lo harás.

Es una experiencia única; te  sientes volar en el aire, recibiendo las caricias de la brisa en tu cara y el resto de tu cuerpo, te mueves hacia adelante y hacia atrás…. Te impulsas,  Y vuelves al principio.

Puedes ver las cosas como se mueven a tu lado, y mientras más alto subes, mas cosas puedes ver. Tu cuerpo no parece que pesa, pues caes al vacío y te elevas con gran facilidad, te hace sentir que eres muy liviano.

A veces comparo mi vida cristiana y mi comunión con Cristo, con el movimiento de un columpio:
Es un ir y venir.
Es un acabar y volver a comenzar.
Es ver las cosas de lejos y a veces muy de cerca.
Es soltarte y dejarte caer por fe y es sentirte sostenida por Jesús y sus brazos poderosos.
Es ver acercarte a los problemas y así mismo alejarte de ellos.
Es una vida en continuo movimiento.
Puede resultar a veces muy divertida.
Es disfrutar de brisas de esperanza que te alivian y refrescan en todo tiempo.
Es una vida de rutina,  pero también de sorpresas.
A veces nos asusta y tememos.
Te hace mirar a la tierra, pero también te hace mirar al cielo.
Sabes bien a quién y a qué aferrarte para no tener una caída.
Entiendes el peligro si no te aferras bien.
Vayas rápido o despacio, harás lo mismo para lo que has sido creado.
Puedes sentirte segura, aún lo alto que subas.
Pero así como todo empieza, todo también terminará.
Al final tu vida se detendrá, y te bajarás del columpio.

Terminarás tu experiencia,  yo me pregunto: ¿La disfrutaste?
¿Te  gustaría que otros tuvieran tu misma experiencia?

Espero cuando veas o te montes en un columpio, puedas meditar un poco en las maravillas de tener a un Salvador tan de cerca que nos cuida, protege,  sostiene, y nos lleva en sus brazos por la vida. Y que puedas dirigir a otros a tener  tan tremenda experiencia.



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