¡A Limpiar!
Por Yoli de
Mallén
Hablar de LIMPIEZA…
bueno... es hablar en grande.
Hay muchas cosa que
necesitan limpiarse.
Algunas continuamente
y muy a menudo; y otras cada cierto tiempo.
Hasta nosotros mismos
necesitamos limpiarnos; por fuera, nuestro cuerpo completo y por dentro a nivel
espiritual.
A mí en lo personal,
me encanta la limpieza, sobre todo ver los resultados; todo toma un aspecto
diferente, luce como nuevo, brillante hermoso, da gusto verlo.
Por tanto como
administradora de mi hogar, trato siempre de mantenerla bien limpia y ordenada,
mi casa habla de mí.
Pero hoy quiero
hablarles sobre una limpieza en particular que una vez hice en mi vida y en mi
casa apenas me convertí a Cristo; y he tratado de nunca más entrar ese tipo de
basura y suciedad a ella.
Todo comenzó cuando
por primera vez leí en La Palabra de Dios 2 a los Corintios 6:14-18 y el 7:1
que dice:
6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
6:16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo.
6:17 Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré,
6:18 Y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
7:1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Eso fue suficiente
para comenzar un proyecto de “Limpieza del Hogar”.
Comencé junto a mi
esposo a sacar todo tipo de basura espiritual que ensuciara mi Hogar; puesto
que ya nosotros habíamos limpiado primero nuestros corazones, recibiendo el
perdón de nuestros pecados, al recibir a Cristo como Salvador personal.
Oramos al Señor y le
pedimos que nos ayudara a sacar todo lo que no Glorificara Su Nombre, y pudiera
ser tropiezo a otros que nos visitaran.
Comenzamos la obra y
quedamos sorprendidos al ver tantas cositas que no parecían hacerle daño a
nadie, pero que NO Glorificaban el nombre de Nuestro Gran Dios y Salvador.
Les mencionaré
algunas de las que todavía, más de 30 años después todavía recuerdo:
1. Sacamos y rompimos estatuillas de santos y vírgenes
católicos.
2. Cuadros y
medallitas de imágenes de vírgenes, santos, del Sagrado corazón de Jesús, la
Santa Cena, Jesús crucificado etc. Los sacamos de nuestro hogar.
3. Nos deshicimos de rosarios, misales, catecismos, escapularios.
4. Sacamos llaveros y accesorios de Nueva Era, y rabos de conejo y pulseras de buena suerte.
5. Nos deshicimos de toda música que tuviera letra fea y
pecaminosa, música rock, de nueva Era, que abiertamente negara al Dios
verdadero.
6. Todo libro de origen Satánico, juegos de OUJIA,
azabaches, angelitos en forma de
niñitos, figuras de Buda y dioses de piedra taínos, los sacamos.
7. Rompimos películas y videos de magia, brujas,
vampiros, falsas doctrinas, pornografía, violencia extrema, torturas, escenas
dañinas a nuestros ojos.
8. Sacamos toda ropa indecorosa, provocativa e indecente; que pudiera poner en juego y dañar nuestro testimonio de
creyentes en Jesucristo. Ropa transparente, corta, escotada, apretada, con
letreros, fotos y promociones que no edificaban.
9. Botamos toda la
bebida alcohólica y demás vicios como cigarrillos, pipas etc.
10. Revistas, calendarios, fotos de desnudos y pornografía las quemamos.
No se pueden imaginar
la alegría y satisfacción interna cuando terminamos y sentíamos que cada rincón
de nuestro hogar estaba limpio y era agradable ante los ojos de Nuestro Gran
Dios y Salvador.
Muchas de estas cosas
no se notaban a simple vista, pero muy en lo profundo y oculto…Ahí estaban.
Fue una búsqueda
insaciable por cada rincón de nuestro hogar, pero valió la pena.
Si no has tenido una
buena limpieza últimamente, te animo a que comiences con tu corazón, deja que
Cristo lo limpie primero perdonándote todos tus pecados que tanto lo afean y
ensucian.
Luego seguirá la
limpieza de tu cuerpo y de tu Hogar.
Nada se compara con
una buena limpieza, da un nuevo aspecto y belleza especial, TODO se trasforma.
¡Limpiémonos de toda
contaminación…!
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