Un blog con contenido bíblico para cubrir las necesidades espirituales de la mujer de todos los tiempos.
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viernes, 22 de julio de 2011







“El Cuarto Prohibido”

Por Yoli de Mallén

Cuando era niña, disfrutaba con los cuentos de princesas y príncipes.
¿Qué niña no lo hace?

Había uno en particular que contaba con un hermoso príncipe que se había deformado por un hechizo y se había convertido en una horrible Bestia; y cuando llegó la bella princesa al palacio por primera vez, se le prohibió entrar en una sola habitación de todo el enorme Castillo; porque era ahí dónde se revelaba la verdad de lo  que el príncipe era y el por qué de lo que le había sucedido. En todo el Castillo había “Un cuarto Prohibido”, donde nadie podía entrar, solo la bestia, allí se encontraba su  SECRETO.

Casi todos tenemos en nuestra vida un “Cuarto Prohibido”, aquella experiencia vivida que nadie conoce, que no nos atrevemos a contar ni a revelarla.
Para algunos forma parte de su pasado, para otros es todavía parte de su presente.
Para este último grupo, es a quién quisiera poder ayudar; normalmente ocurre en niñas en pleno desarrollo o adolescentes.

Son las mejores víctimas, por su inocencia y desconocimiento e ingenuidad.
Son las mejores víctimas, pues son fáciles de dominar por otro más adulto o con mayores experiencias.
Son las mejores víctimas, pues  aunque sienten remordimiento; el miedo es el mayor controlador de sus vidas, y es el que les obliga a estar calladas y sufrir todo por dentro.

El “Cuarto Prohibido” puede estar conformado por cualquiera de estos caso y muchos otros más:
1.    Exponer a una joven a ver pornografía desde muy temprana edad, pervirtiéndola.
2.    Llevarla a despertar sexualmente introduciéndola en la masturbación como algo “Bueno o natural”.
3.    Hacerla participar en contra de su voluntad,  de juegos sexuales escondidos con algún familiar cercano o amigo de la casa  (entiéndase un padre, un padrastro, un tío, un primo, un vecino, un hermano, un servicio,  o hasta alguien de su mismo sexo).
4.    Obligarle a participar  y hacer cosas incorrectas de índole sexual y presionarle con hablar y  denunciarla.
5.    Inducirla en el consumo y uso de vicios tales como el cigarrillo, el alcohol,  la mariguana, las drogas.
6.    Obligarla a posar desnuda  sola o con otros, para fines de hacer películas o fílmicas pornográficas caseras, o para pasarlas por internet o facebook.
7.    Vender por precio su cuerpo y su virginidad a hombres o mujeres depravadas para lucrarse de ello.
8.    Introducirla en la Prostitución de su cuerpo.

¡Parecerían casos alarmantes! NO lo son.
Sabemos de casos de hombres homosexuales que han sido víctimas de padres y familiares cercanos que han abusado de ellos desde muy temprana edad, desviando su inclinación varonil por otra desviada de su naturaleza original.

Padres y Hermanos que han violado y embarazado a sus propias hijas y hermanas.

Padres y padrastros que han cometido incesto con sus niñitas desde muy pequeñitas y éstas hasta que no  han crecido y entendido la verdadera situación; han malinterpretado esas “Caricias depravadas”, con demostraciones de amor de un padre hacia una hija, ¡Qué clase de amor!

Padrastros o hasta abuelos que han dañado para siempre a sus hijastras y nietas; y lo peor es que ha habido madres que lo saben y lo callan, permitiéndolo.

Familiares y supuestos amigos han introducido en drogas a sus seres queridos, atándolos para siempre a la destrucción por el vicio,  controlándolos y  haciéndolos esclavos a sus servicios fatales.

Si actualmente te encuentras atormentada por una preocupación, por algo que  estás pasando, que sabes muy en tu interior que no está correcto, que como dice el Salmo 51:1-4
 Es un pecado que está siempre delante de ti, por tanto es un buen momento para hacer un alto frente a Dios, pedirle perdón por tu pecado y que te ayude a abandonar y liberarte de las ataduras que te amarran y te tienen esclavizada.

“Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforma a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justos en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”.

Busca una persona mayor de confianza y atrévete a contarle lo que te sucede. No pienses que estás sola. Son muchas las niñas y jovencitas  que pasan por cosas similares todos los días de su vida.
Por miedo a confesar lo que les sucede y porque las hace sentir sucias y avergonzadas; tienden a esconderlo y callarlo, al punto que lo tratan de sacar y olvidarlo de su vida como algo que nunca sucedió. Crecen con la  presencia  de este “Cuarto prohibido” que a nadie se atreven abrir.

Esto les afecta su personalidad, se vuelven tímidas, miedosas, calladas, tristes, deprimidas, avergonzadas, introvertidas, se consideran sucias, pecadoras, que Dios no las puede perdonar, que no se pueden sanar ni limpiar,  que nunca podrán dejar de hacer lo que hacen, que las culparán, que son mujeres depravadas, prostitutas, que nadie las amará realmente si saben lo que han hecho, que las rechazarán, que no quieren que nadie se junte con ellas, que son mala influencia para las demás, que no sirven…
Mientras más tiempo te callas, más te va destruyendo  por dentro.
Salmo 51: 6-8 dice:

“He aquí, tu amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve.
Hazme oir gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido”.

Necesitas valor para salir de ése encerramiento en que te encuentras. Confiesa tu pecado primero ante Dios, pídele perdón por ti y por todos los que de alguna u otra forma se han visto involucrados  contigo a hacer lo incorrecto.
Salmo 51:9 dice:
“Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades”.

¡Detente!  Y con valor,  suspende el seguir participando de lo que has hecho hasta ahora, haciendo el propósito de no caer más.
Si t e ves en la obligación de enfrentarte a personas adultas, familiares y autoridades o hasta tus padres, aún así NO te detengas, el Señor estará contigo dándote fuerzas y peleando la batalla por ti. Será un momento difícil, pero saldrás adelante y ya pasará. Solo así  te podrás sentir LIBRE.
 Así como continua diciendo el Salmo en sus versos 10-11:

“Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu”.

Dios te perdona y olvida cualquier pecado, no importa lo feo y sucio que haya sido a tus ojos. Dios se place en perdonarnos y limpiarnos,  gracias al la sangre preciosa vertida por SU Hijo Jesucristo en la cruz del Calvario.  También nos da una nueva capacidad para no volver a caer, nos cicatriza y cura todas nuestras viejas heridas.
Nos da un Espíritu que puede perdonar a nuestros agresores o culpables, así como El nos perdonó,  y nos permite iniciar una nueva vida, devolviéndonos la alegría y la razón de vivir.
¿No es eso lo que deseas?
Salmo 51:12 dice:
Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente”.

¡Solo en Cristo obtendremos una vida nueva que vale la pena vivir!
2 a los Corintios 5:17 dice:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

¡Con Cristo, vale la pena vivir!  


viernes, 15 de julio de 2011




“Al que te pida”


Por Yoli de Mallén

Si vives junto conmigo en este Planeta llamado “La Tierra”; estoy segura que has experimentado el pasar al lado de una persona con mucha necesidad tirada en el suelo, que te extiende su mano para que le des una ayuda económica.  Ella acepta lo que quieras ofrecerle, no pone objeción en cuanto a la cantidad, sea mucha o sea poca, y solo te dirá “Gracias” y en ocasiones se puede oír a lo lejos, pues ya has avanzado bastante de su lado un “Dios le bendiga”.

Así también vemos día a día niños  que se te acercan con una  sonrisa  y pidiéndote: “deme algo”, niños  muy pobres, mal vestidos,  casi siempre sucios, descalzos, con hambre y mucha necesidad.
No sabemos si están siendo obligados por sus padres o tutores, abusadores, que hasta los maltratan, para que realicen dicho trabajar y ellos beneficiarse; o si en realidad tienen la necesidad de lanzarse a las calles para pedir dando lástima, por la precaria condición en que viven.

Son muchas las veces que hemos cerrado nuestro corazón a tantas solicitudes de ayuda en las calles, haciendo un razonamiento, que puede ser cierto; de que el dinero que le demos lo mal utilizarán ya sea para alcohol o hasta drogas.
Pero ¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a este verso en Lucas 6:30 que dice?:
“A cualquiera que te pida, dale; y al que  tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva”.

Si leemos con cuidado no nos dice a quién debemos darle, y en qué ocasión; ni cuánto, solo nos manda a darle, a todo el que nos pida. Ya quedará en manos de Nuestro Dios, el Juez Justo, en lo que se gastará o usará ese dinero que le dimos.

Es importante saber también que no necesariamente tiene que ser algo económico, nuestro aporte. Pues normalmente esas personas tienen necesidad de todo; y lo que le podamos ofrecer siempre caerá bien; comida, ropa, zapatos, abrigos, toallas, sábanas hasta un simple vaso de agua.
Dice Mateo 10:42,
Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa”.

El Señor a través de sus enseñanzas nos muestra claramente la actitud que debemos tener para con nuestro prójimo, y más cuando está necesitado.
Dice Mateo 25:42-46,
“Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recogisteis; estuve desnudo y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces  también ellos les responderán diciendo: Señor ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
Entonces le responderán diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí me lo hicisteis.
E irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

¿Hemos evadido, mirando hacia otro lado, cambiando de lugar, caminando más rápido, el enfrentar la mano extendida del que nos pide?
¿Hemos negado el ayudarle, a veces hasta mintiendo, diciendo un “NO tengo” por no pasar el trabajo de buscar en la cartera?
¿Hemos ignorado su solicitud para que no lo malgasten en lo que no se debe, pues su apariencia es de un alcohólico o drogadicto?

Pero… y ¿Qué haremos con nuestra actitud frente a Nuestro Dios, que nos está mirando?
¿Cómo le responderemos a El?
Dice la Palabra de Dios que en los tiempos del Fin el amor de muchos se enfriará, lo podemos leer en mateo 24:12,
Y por haberse multiplicado la maldad, al amor de muchos se enfriará”.

¿Se ha enfriado mi amor al Prójimo?


viernes, 4 de febrero de 2011



                                A Ti Me Rindo    

                                  (Meditación basada en el Salmo 139)


Por Yoli de Mallén

Poder ver la mano Poderosa de Dios trabajar es algo asombroso, que nos deja sin aliento.
Apreciar el colorido y variedad que día tras día se presenta con la salida y puesta de sol, es para dejarnos boquiabiertos. Donde cada momento ha sido totalmente diferente uno del otro; y así llevamos todos los tiempos desde que fueron creados.

Entrar en la majestuosidad y profundidad del inmenso mar que nos rodea y entender que existe y habita otro mundo completamente distinto de seres vivos, cada uno con sus cualidades  particulares y especiales  que lo caracterizan, nos deja sin habla.

Si hemos estudiado y aprendido que nuestra galaxia no se limita al cielo que simplemente apreciamos cuando estamos al exterior y podemos mirar hacia arriba en una noche oscura y ver sus innumerables estrellas. Que no somos el único planeta que existe y que estamos todos suspendidos y girando ordenadamente sin tropiezos; tratar de asimilar esto es para caer rendidos a los pies de nuestro Creador.

Pero, asimismo, es imposible el no mencionar una de las más grandes piezas de arte hechas por Dios, como lo ha sido el “Hombre”. Tratar de comprender que en un momento dado  con las condiciones establecidas por Su voluntad Perfecta, se une de un hombre y una mujer,  un espermatozoide y un óvulo y por Su Divino Poder, sopla  el aliento de vida a esa unión y paso por paso de manera milagrosa, va formando por 9 meses, dentro del vientre de esa mujer, un nuevo ser; completo sin que le falte cosa alguna, hecho a Su Imagen y a Su Semejanza.

Creado solo por El, le pertenece, El le ha dado la  vida, el sexo, los rasgos genéticos, una personalidad y forma de ser que solo a el le pertenecen, única. Le ha traído al mundo el día, el año y  condiciones en que ha de nacer, conoce toda su vida por vivir; lo que hará, lo que pensará y aún dirá y hasta el día y cómo morirá.

Entonces… ¿Cómo es posible que siendo el hombre Su máxima Creación y siendo capaces de razonar y asimilar todo esto, no nos hayamos postrados, rendidos ante Nuestro Dios? Reconociendo cuan Grande es El y cuan insignificante somos nosotros ante Su presencia.

¿Cómo es que no le hemos entregado todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo de manera incondicional en obediencia absoluta para SOLO hacer Su Voluntad?
¿Y de igual modo dirigir y encaminar a todas nuestras generaciones futuras a Rendirse y Postrarse ante Nuestro Amo, Rey y Señor Dios Todopoderoso?  Quien vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

¡Mi Señor, Yo a TI me rindo!     ¿Y tú?


viernes, 28 de enero de 2011




¿Sirvo Correctamente?
Por  Yoli de Mallén

El que no vive para servir, no sirve para vivir…
Cada hermano o hermana que sirven en su Iglesia local, respondiendo al Don o regalo recibido por el Espíritu Santo cuando se convirtió a Cristo; ha dejado algo que hacer dentro de sus responsabilidades diarias y ha sacado ese tiempo para edifica a los santos y agradar a Dios con su labor.

En Mateo 8:14 y 15 vemos el caso de la suegra de Pedro:
“Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía”.
Todos hemos necesitado el toque directo de Dios para dejar atrás nuestras ataduras e impedimentos y levantarnos con diligencia y servir, como lo hizo la suegra de Pedro.

Pero me pregunto… ¿estoy sirviendo Correctamente, ante los ojos de nuestro gran Dios y Salvador, para que El reciba toda la Gloria que merece?
Jesucristo vino a este mundo a dejarnos su ejemplo  para seguir.
Dice Marcos 10:45
“Por que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Ahora bien, está en nosotros el poder servir de la manera correcta, la que la Palabra de Dios nos enseña a través de ella. Hay por lo menos 10 características para servir correctamente. Examinemos nuestro servicio a Dios evaluando nuestro trabajo de manera visible y practico.
Llenando la Evaluación Personal que solo yo veré y corregiré en intimidad con mi Señor y Dios.
Hagamos la prueba de:
                            ¿Sirvo Correctamente?
Empecemos detallando cada una de las preguntas, para comprenderlas mejor:

1.    ¿Sirvo con todo mi corazón y con toda mi alma?    (Deuteronomio 10:12)
“Ahora pues… ¿qué pide Jehová de ti? sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma”.
De nada nos sirve mostrar una falsa apariencia ante los hombres, para ganar sus favores. Dios ve lo más profundo de nuestro corazón, no lo podemos engañar.
Dejemos la falsedad, las máscaras y la hipocresía para el mundo, busquemos la transparencia, el ser genuinos, verdaderos, como sabemos agrada a Dios.

2.    ¿Sirvo con ánimo voluntario?  (1º de Crónicas 28:9ª)
“Y Tú Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu Padre y sírvele con corazón perfecto y ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos y entiende todo intento de los pensamientos”.

¿Pongo la diligencia necesaria en mi servicio?
 Debemos mover nuestra voluntad,  deseo, anhelo  a trabajar por amor a nuestro Dios, no quejándonos o sintiéndonos obligados a hacerlo, debe hacerse por voluntad propia.

3.    ¿Sirvo con temor? (Salmo 2:11ª)
“Servid a Jehová con temor”.

El principio de la sabiduría es el temor a Jehová, por tanto el servir correctamente requiere del temor, el saber a quién servimos, al Dios Todopoderoso, aquel que así como nos ama también nos juzgará, que cumple lo que promete y Su Palabra NO cambia, el que creo el Universo, el que  Su presencia llena toda la Tierra, al Dios Majestuoso y Soberano.

4.    ¿Sirvo con alegría?  (Salmo 100:2)
“Servid a Jehová con alegría”.

El Servicio requiere una actitud alegre, no con tristeza o pesadez, no debemos lamentarnos por lo que dejamos de hacer para poder servir; por lo difícil del trabajo a realizar, por el tiempo perdido, y llegar hasta arrepentirnos de servir. Servir es un privilegio, que no todos tienen.

5.    ¿Sirvo a dos Señores? (Mateo 6:24)
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podemos servir a Dios y a las riquezas”.

Cuidado si así como servimos en la Obra de Dios, también estamos en la disposición de servir en las cosas del Mundo, al punto de dañar, ensuciar, comprometer, confundir, nuestro testimonio y posición como cristianos.
¿Marcamos claramente la línea imaginaria que nos divide del mundo? o
¿Queremos pararnos con un pie aquí y el otro allá?

6.    ¿Sirvo con humildad? (Hechos 20:19ª)
“Sirviendo al Señor con toda humildad”.

Es importante reconocer nuestra capacidad y nuestra limitación; saber el rol que me corresponde y hasta donde puedo llegar. Saber lo que puedo y debo hacer. No hacer lo que no puedo, ni estar en la posición que NO he sido llamada a estar. No esperar ser reconocida, para querer trabajar.
El Señor exalta al humilde, dejemos que El nos exalte y permita que seamos alabados por otros si es que lo merecemos.

7.    ¿Sirvo dando un buen testimonio a los demás?  (1 a los Corintios 4:1)
“Así, pues, ténganos los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”.

¿Los demás que me observan pueden ver a Quién sirvo?
¿Ven a Cristo a través de mi vida y todo lo que hago?

Mi vida completa, todo mi ser, mi trabajo, todo lo que hago debe reflejar lo que ha pasado en mi corazón, la transformación de que Cristo ahora es quién dirige todo cuanto soy. Nadie más. Ya no vivo YO, vive Cristo en mí.

8.    ¿Sirvo por amor a mis hermanos?  (Gálatas 5:13b)
“Servíos por amor los unos a los otros”.

El amor por los hermanos debe ser el primer impulso que nos motive al servicio.  Dice la Biblia, que ¿Cómo podemos amar a Dios a quién NO hemos visto, si no amamos a nuestros hermanos a quienes vemos?
El amor es como el aceite que hace girar a la rueda para que funcione bien y sirvamos correctamente. No un amor fingido ni falso, no uno que busca su propio bienestar, interesado, egoísta, envidioso. Sino un amor que piensa en el otro, que sabe complacer, que da sin esperar, que llega hasta el sacrificio por satisfacer al ser amado.


9.    ¿Sirvo de buena voluntad?   (Efesios 6:7)
“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres?

Debo trabajar y servir porque así lo deseo y así lo quiero, de buena gana. No es algo que hago forzado, porque me mandaros, me obligaron, porque seré castigado si no lo hago, porque seré disciplinado.
Si no me agrada, lo disfruto y me hace sentir bien el hacerlo, no podré dar lo mejor de mí, que es como lo debo hacer.

10. ¿Sirvo a Cristo?    (Colosenses 3:23-24)
Y todo lo que hagáis hacedlo de corazón como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

¿Estoy plenamente consciente, cuando sirvo en la obra del Señor o en cualquier otro momento, para quién lo hago?
Si pensaremos realmente en que es al Señor Jesucristo a quién estamos sirviendo haciendo esto o aquello; desde lo más importante hasta lo más insignificante… otra cosa sería nuestra labor.
El tener siempre presente que es a Cristo a quién servimos, sería la suficiente motivación para que manifestáremos cada una de todas las características mencionadas: y serviríamos con todo nuestro  corazón y con toda nuestra alma, con ánimo voluntario, con temor, con alegría, solo a un Señor y Dios, con humildad, dando buen testimonio, con un amor genuino y de buena voluntad porque sería definitivamente a Cristo a quién serviríamos.

El Señor no necesita que le sirvamos, pero nosotros sí sabemos que necesitamos servirle para poder seguir Su ejemplo.
Si lo vamos a hacer, hagámoslo bien.
No sirvamos solo por servir.
¡Vamos a servir Correctamente!

Ahora revisemos nuestra Evaluación Personal y obtengamos los resultados:
¿Dónde debo mejorar?   Mejoremos…
¿Dónde estoy bien?    No decaigamos… ¡falta mucho por hacer!

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre sus bienes le pondrá”.
(Mateo 24: 46-47)


Evaluación  Personal
¿Sirvo Correctamente?
Por Yoli de Mallén

Responde marcando con un círculo  el número de 0 a 10, de acuerdo a tu respuesta a cada pregunta formulada a continuación:

1.      ¿Sirvo con  todo mi  corazón y toda mi alma?                   0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       _____
(Deuteronomio 10:12)
2.      ¿Sirvo con ánimo voluntario?                                                0 1 2 3 4 5 6 7 8  9 10      ______
(1º de Crónicas 28:9a)
3.      ¿Sirvo con temor?                                                                    0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(Salmo 2:11a)
4.      ¿Sirvo con alegría?                                                                   0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
((Salmo 100:2)
5.      ¿Sirvo a dos Señores?                                                              0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(Mateo 6:24)
6.      ¿Sirvo con humildad?                                                               0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10         _____
(Hechos 20:19a)
7.      ¿Sirvo dando un buen testimonio?                                       0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(1 a los Corintios 4:1)
8.      ¿Sirvo por amor a mis hermanos?                                          0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10      ______
(Gálatas 5:13b)
9.      ¿Sirvo de buena Voluntad?                                                       0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10    ______ 
(Efesios 6:7)
10.   ¿Sirvo a Cristo?                                                                           0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10    ______
(Colosenses 3:23-24)

                                                                                                                Total de puntos   _______

“¿Qué clase de servicio es el tuyo? ¡Sirves porque tienes miedo a sufrir las consecuencias de tu desobediencia?, Porque tienes miedo de perderte?, Porque el regreso de Jesús está próximo y quieres ser salvo?, o porque lo amas y voluntariamente quieres andar en sus caminos para poder ver una sonrisa de alegría en su rostros?   (extraído de un Devocional)


miércoles, 12 de enero de 2011




LA MEJOR RECETA

Por Yoli de Mallén

Como mujer que eres, estoy segura que en algún momento has seguido cuidadosamente cada instrucción para lograr con éxito, una buena receta.
Y cuando digo “cuidadosamente” me refiero a una atención muy detallada y minuciosa, pues el mínimo cambio alterará o cambiará el resultado final.

Recuerdo muy claro todavía un día que intenté repetir un riquísimo “PIE DE LIMÓN” que hacía mi tía; era el más rico que jamás había probado así que anoté cada detalle, según ella misma me dictó personalmente. Luego en mi casa, teniendo todos los ingredientes comprados y bien medidos; me lancé a la tarea de lograr el riquísimo pie de limón.
¿Saben qué? ¡Todo fue un FRACASO! no había forma de lograr que el relleno cuajara y endureciera y se formara esa rica crema de limón.
La masa quedaba crujiente y doradita.
El suspiro quedaba esponjoso… PERFECTO. Pero cuando intentaba el relleno…NADA, No salía.

Por supuesto no me di por vencida, volví donde mi tía y le pedí por favor repitiera el hacer la receta delante de mí para verificar cada paso nuevamente.
¡AH! ¡Esa era la razón! Nunca lo hubiera logrado hacer correctamente. Estaba mal el orden de los ingredientes, no había anotado lo más importante; luego de cuajar la maicena y que esta endureciera, era el momento de echarle el jugo de limón, luego lo mezclaba bien después de apagar el fuego.
Yo había estado haciéndolo mal, pues mezclaba todos los ingredientes juntos (incluyendo el jugo de limón) y por supuesto la maicena no podía endurecer jamás.
Luego de esto quedar tan claro, jamás he vuelto a tener problemas con el relleno de mi Pie de Limón, y trato de explicarlo bien cuando me solicitan la receta.
¡Qué bueno es hacer cada paso como debe ser para lograr el mejor resultado!

Asimismo resultaría la comparación con “LA SALVACIÓN” de tu alma, es como una receta, la cual debes seguir cuidadosamente. Si cambias algo del original, NO obtendrás los resultados esperados. Ya sabes a que me refiero…
Necesitas tener TODOS los ingredientes necesarios y un tremendo deseo de obtener el resultado, igual al que yo tenía de poder hacer el pie de limón de mi tía.
La Salvación requiere:
1.      Que te dejes convencer por el Espíritu Santo de pecado, justicia y juicio reconociendo que eres pecadora y que mereces el infierno eterno por tu pecado - Juan 16:8.
2.      Que procedas a un arrepentimiento genuino de tus pecados confesando a Jesús como tu Señor y Salvador personal para poder tener vida eterna y entrada en el cielo – Hechos 3:19; Juan 3:3; Romanos 10:9-10.
3.      Que entiendas que esta decisión es una decisión para toda la vida y que tu vida ahora no te pertenece, sino que le pertenece a Cristo al cual debes entregar cada día tu cuerpo en sacrificio vivo para comprobar cuál es su buena voluntad agradable y perfecta - Romanos 12:1-2.
4.      Que vivas creyendo y confiando en las promesas de Dios sabiendo que un día él te llevará a la patria celestial a vivir eternamente en la mansión que prepara para ti - Juan 14:2.

¡Te aseguro que si haces eso tendrás la MEJOR RECETA DEL MUNDO Actual y Venidero!
Doy Gracias a mi Dios que me permitió probar ambas recetas a tiempo:
EL PIE DE LIMÓN de mi tía, que puedo repetirlo cuantas veces quiera y disfrutarlo.
Y aún más importante, la SALVACIÓN, que me bastó hacerla UNA SOLA VEZ y sus resultados me han saciado plenamente en los 31 años que llevo convertida a Cristo y confío lo seguirá haciendo hasta el fin de mis días.

Adjunto la receta del Pie de Limón de mi tía por si te animas a probarla… espero te guste.

Pero más importante que esto, espero te animes a probar la MEJOR RECETA, la de la Salvación de tu alma.
 No has probado una delicia mayor, su sabor permanece latente cada segundo, minuto, horas, días, semanas, meses, años…
No se acaba… es Eterna.
A diferencia con el Pie de Limón, que sí se acaba o se daña.
¡Buen Provecho!

“Pie de Limón” (de mi tía)
Masa:
2 tazas de harina
 media taza de manteca Crisco o margarina
 media taza de agua fría
 2 cucharaditas de Royal
 media cucharadita de sal
(se mezclan todos los ingredientes a mano y se extienden sobre un molde untado con mantequilla, y se hornea hasta dorarlo)

Relleno:
2 tazas de agua
 1 taza de azúcar
 un cuarto de taza de jugo de limón
 6 cucharadas de maicena
 3 yemas de huevo
(se mezclan los ingredientes: el agua, el azúcar, la maicena y los huevos batidos, se ponen a hervir , meneándose constantemente, cuando hierva y se espese la maicena, se apaga y se añade el jugo de limón y se coloca en el molde con la masa ya lista)

Suspiro:
3 claras de huevo
 1 y media taza de azúcar
 tres cuartos de taza de agua
(el agua y el azúcar se hierven a punto de hilo, y las claras de huevo se baten a punto de nieve; luego se le vierte el almíbar a las claras mientras se baten hasta que se cocine y se mezcle el suspiro)
 Ya listo el suspiro, se le coloca a la masa con la crema de limón, y se pone unos minutos en el horno bien caliente para dorar el suspiro.
¡Y Ya está listo! Déjelo enfriar un poco y a la nevera, se sirve bien frio.