Un blog con contenido bíblico para cubrir las necesidades espirituales de la mujer de todos los tiempos.
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viernes, 4 de febrero de 2011



                                A Ti Me Rindo    

                                  (Meditación basada en el Salmo 139)


Por Yoli de Mallén

Poder ver la mano Poderosa de Dios trabajar es algo asombroso, que nos deja sin aliento.
Apreciar el colorido y variedad que día tras día se presenta con la salida y puesta de sol, es para dejarnos boquiabiertos. Donde cada momento ha sido totalmente diferente uno del otro; y así llevamos todos los tiempos desde que fueron creados.

Entrar en la majestuosidad y profundidad del inmenso mar que nos rodea y entender que existe y habita otro mundo completamente distinto de seres vivos, cada uno con sus cualidades  particulares y especiales  que lo caracterizan, nos deja sin habla.

Si hemos estudiado y aprendido que nuestra galaxia no se limita al cielo que simplemente apreciamos cuando estamos al exterior y podemos mirar hacia arriba en una noche oscura y ver sus innumerables estrellas. Que no somos el único planeta que existe y que estamos todos suspendidos y girando ordenadamente sin tropiezos; tratar de asimilar esto es para caer rendidos a los pies de nuestro Creador.

Pero, asimismo, es imposible el no mencionar una de las más grandes piezas de arte hechas por Dios, como lo ha sido el “Hombre”. Tratar de comprender que en un momento dado  con las condiciones establecidas por Su voluntad Perfecta, se une de un hombre y una mujer,  un espermatozoide y un óvulo y por Su Divino Poder, sopla  el aliento de vida a esa unión y paso por paso de manera milagrosa, va formando por 9 meses, dentro del vientre de esa mujer, un nuevo ser; completo sin que le falte cosa alguna, hecho a Su Imagen y a Su Semejanza.

Creado solo por El, le pertenece, El le ha dado la  vida, el sexo, los rasgos genéticos, una personalidad y forma de ser que solo a el le pertenecen, única. Le ha traído al mundo el día, el año y  condiciones en que ha de nacer, conoce toda su vida por vivir; lo que hará, lo que pensará y aún dirá y hasta el día y cómo morirá.

Entonces… ¿Cómo es posible que siendo el hombre Su máxima Creación y siendo capaces de razonar y asimilar todo esto, no nos hayamos postrados, rendidos ante Nuestro Dios? Reconociendo cuan Grande es El y cuan insignificante somos nosotros ante Su presencia.

¿Cómo es que no le hemos entregado todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo de manera incondicional en obediencia absoluta para SOLO hacer Su Voluntad?
¿Y de igual modo dirigir y encaminar a todas nuestras generaciones futuras a Rendirse y Postrarse ante Nuestro Amo, Rey y Señor Dios Todopoderoso?  Quien vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

¡Mi Señor, Yo a TI me rindo!     ¿Y tú?


viernes, 28 de enero de 2011




¿Sirvo Correctamente?
Por  Yoli de Mallén

El que no vive para servir, no sirve para vivir…
Cada hermano o hermana que sirven en su Iglesia local, respondiendo al Don o regalo recibido por el Espíritu Santo cuando se convirtió a Cristo; ha dejado algo que hacer dentro de sus responsabilidades diarias y ha sacado ese tiempo para edifica a los santos y agradar a Dios con su labor.

En Mateo 8:14 y 15 vemos el caso de la suegra de Pedro:
“Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía”.
Todos hemos necesitado el toque directo de Dios para dejar atrás nuestras ataduras e impedimentos y levantarnos con diligencia y servir, como lo hizo la suegra de Pedro.

Pero me pregunto… ¿estoy sirviendo Correctamente, ante los ojos de nuestro gran Dios y Salvador, para que El reciba toda la Gloria que merece?
Jesucristo vino a este mundo a dejarnos su ejemplo  para seguir.
Dice Marcos 10:45
“Por que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Ahora bien, está en nosotros el poder servir de la manera correcta, la que la Palabra de Dios nos enseña a través de ella. Hay por lo menos 10 características para servir correctamente. Examinemos nuestro servicio a Dios evaluando nuestro trabajo de manera visible y practico.
Llenando la Evaluación Personal que solo yo veré y corregiré en intimidad con mi Señor y Dios.
Hagamos la prueba de:
                            ¿Sirvo Correctamente?
Empecemos detallando cada una de las preguntas, para comprenderlas mejor:

1.    ¿Sirvo con todo mi corazón y con toda mi alma?    (Deuteronomio 10:12)
“Ahora pues… ¿qué pide Jehová de ti? sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma”.
De nada nos sirve mostrar una falsa apariencia ante los hombres, para ganar sus favores. Dios ve lo más profundo de nuestro corazón, no lo podemos engañar.
Dejemos la falsedad, las máscaras y la hipocresía para el mundo, busquemos la transparencia, el ser genuinos, verdaderos, como sabemos agrada a Dios.

2.    ¿Sirvo con ánimo voluntario?  (1º de Crónicas 28:9ª)
“Y Tú Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu Padre y sírvele con corazón perfecto y ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos y entiende todo intento de los pensamientos”.

¿Pongo la diligencia necesaria en mi servicio?
 Debemos mover nuestra voluntad,  deseo, anhelo  a trabajar por amor a nuestro Dios, no quejándonos o sintiéndonos obligados a hacerlo, debe hacerse por voluntad propia.

3.    ¿Sirvo con temor? (Salmo 2:11ª)
“Servid a Jehová con temor”.

El principio de la sabiduría es el temor a Jehová, por tanto el servir correctamente requiere del temor, el saber a quién servimos, al Dios Todopoderoso, aquel que así como nos ama también nos juzgará, que cumple lo que promete y Su Palabra NO cambia, el que creo el Universo, el que  Su presencia llena toda la Tierra, al Dios Majestuoso y Soberano.

4.    ¿Sirvo con alegría?  (Salmo 100:2)
“Servid a Jehová con alegría”.

El Servicio requiere una actitud alegre, no con tristeza o pesadez, no debemos lamentarnos por lo que dejamos de hacer para poder servir; por lo difícil del trabajo a realizar, por el tiempo perdido, y llegar hasta arrepentirnos de servir. Servir es un privilegio, que no todos tienen.

5.    ¿Sirvo a dos Señores? (Mateo 6:24)
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podemos servir a Dios y a las riquezas”.

Cuidado si así como servimos en la Obra de Dios, también estamos en la disposición de servir en las cosas del Mundo, al punto de dañar, ensuciar, comprometer, confundir, nuestro testimonio y posición como cristianos.
¿Marcamos claramente la línea imaginaria que nos divide del mundo? o
¿Queremos pararnos con un pie aquí y el otro allá?

6.    ¿Sirvo con humildad? (Hechos 20:19ª)
“Sirviendo al Señor con toda humildad”.

Es importante reconocer nuestra capacidad y nuestra limitación; saber el rol que me corresponde y hasta donde puedo llegar. Saber lo que puedo y debo hacer. No hacer lo que no puedo, ni estar en la posición que NO he sido llamada a estar. No esperar ser reconocida, para querer trabajar.
El Señor exalta al humilde, dejemos que El nos exalte y permita que seamos alabados por otros si es que lo merecemos.

7.    ¿Sirvo dando un buen testimonio a los demás?  (1 a los Corintios 4:1)
“Así, pues, ténganos los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”.

¿Los demás que me observan pueden ver a Quién sirvo?
¿Ven a Cristo a través de mi vida y todo lo que hago?

Mi vida completa, todo mi ser, mi trabajo, todo lo que hago debe reflejar lo que ha pasado en mi corazón, la transformación de que Cristo ahora es quién dirige todo cuanto soy. Nadie más. Ya no vivo YO, vive Cristo en mí.

8.    ¿Sirvo por amor a mis hermanos?  (Gálatas 5:13b)
“Servíos por amor los unos a los otros”.

El amor por los hermanos debe ser el primer impulso que nos motive al servicio.  Dice la Biblia, que ¿Cómo podemos amar a Dios a quién NO hemos visto, si no amamos a nuestros hermanos a quienes vemos?
El amor es como el aceite que hace girar a la rueda para que funcione bien y sirvamos correctamente. No un amor fingido ni falso, no uno que busca su propio bienestar, interesado, egoísta, envidioso. Sino un amor que piensa en el otro, que sabe complacer, que da sin esperar, que llega hasta el sacrificio por satisfacer al ser amado.


9.    ¿Sirvo de buena voluntad?   (Efesios 6:7)
“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres?

Debo trabajar y servir porque así lo deseo y así lo quiero, de buena gana. No es algo que hago forzado, porque me mandaros, me obligaron, porque seré castigado si no lo hago, porque seré disciplinado.
Si no me agrada, lo disfruto y me hace sentir bien el hacerlo, no podré dar lo mejor de mí, que es como lo debo hacer.

10. ¿Sirvo a Cristo?    (Colosenses 3:23-24)
Y todo lo que hagáis hacedlo de corazón como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

¿Estoy plenamente consciente, cuando sirvo en la obra del Señor o en cualquier otro momento, para quién lo hago?
Si pensaremos realmente en que es al Señor Jesucristo a quién estamos sirviendo haciendo esto o aquello; desde lo más importante hasta lo más insignificante… otra cosa sería nuestra labor.
El tener siempre presente que es a Cristo a quién servimos, sería la suficiente motivación para que manifestáremos cada una de todas las características mencionadas: y serviríamos con todo nuestro  corazón y con toda nuestra alma, con ánimo voluntario, con temor, con alegría, solo a un Señor y Dios, con humildad, dando buen testimonio, con un amor genuino y de buena voluntad porque sería definitivamente a Cristo a quién serviríamos.

El Señor no necesita que le sirvamos, pero nosotros sí sabemos que necesitamos servirle para poder seguir Su ejemplo.
Si lo vamos a hacer, hagámoslo bien.
No sirvamos solo por servir.
¡Vamos a servir Correctamente!

Ahora revisemos nuestra Evaluación Personal y obtengamos los resultados:
¿Dónde debo mejorar?   Mejoremos…
¿Dónde estoy bien?    No decaigamos… ¡falta mucho por hacer!

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre sus bienes le pondrá”.
(Mateo 24: 46-47)


Evaluación  Personal
¿Sirvo Correctamente?
Por Yoli de Mallén

Responde marcando con un círculo  el número de 0 a 10, de acuerdo a tu respuesta a cada pregunta formulada a continuación:

1.      ¿Sirvo con  todo mi  corazón y toda mi alma?                   0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       _____
(Deuteronomio 10:12)
2.      ¿Sirvo con ánimo voluntario?                                                0 1 2 3 4 5 6 7 8  9 10      ______
(1º de Crónicas 28:9a)
3.      ¿Sirvo con temor?                                                                    0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(Salmo 2:11a)
4.      ¿Sirvo con alegría?                                                                   0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
((Salmo 100:2)
5.      ¿Sirvo a dos Señores?                                                              0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(Mateo 6:24)
6.      ¿Sirvo con humildad?                                                               0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10         _____
(Hechos 20:19a)
7.      ¿Sirvo dando un buen testimonio?                                       0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10       ______
(1 a los Corintios 4:1)
8.      ¿Sirvo por amor a mis hermanos?                                          0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10      ______
(Gálatas 5:13b)
9.      ¿Sirvo de buena Voluntad?                                                       0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10    ______ 
(Efesios 6:7)
10.   ¿Sirvo a Cristo?                                                                           0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10    ______
(Colosenses 3:23-24)

                                                                                                                Total de puntos   _______

“¿Qué clase de servicio es el tuyo? ¡Sirves porque tienes miedo a sufrir las consecuencias de tu desobediencia?, Porque tienes miedo de perderte?, Porque el regreso de Jesús está próximo y quieres ser salvo?, o porque lo amas y voluntariamente quieres andar en sus caminos para poder ver una sonrisa de alegría en su rostros?   (extraído de un Devocional)


miércoles, 12 de enero de 2011




LA MEJOR RECETA

Por Yoli de Mallén

Como mujer que eres, estoy segura que en algún momento has seguido cuidadosamente cada instrucción para lograr con éxito, una buena receta.
Y cuando digo “cuidadosamente” me refiero a una atención muy detallada y minuciosa, pues el mínimo cambio alterará o cambiará el resultado final.

Recuerdo muy claro todavía un día que intenté repetir un riquísimo “PIE DE LIMÓN” que hacía mi tía; era el más rico que jamás había probado así que anoté cada detalle, según ella misma me dictó personalmente. Luego en mi casa, teniendo todos los ingredientes comprados y bien medidos; me lancé a la tarea de lograr el riquísimo pie de limón.
¿Saben qué? ¡Todo fue un FRACASO! no había forma de lograr que el relleno cuajara y endureciera y se formara esa rica crema de limón.
La masa quedaba crujiente y doradita.
El suspiro quedaba esponjoso… PERFECTO. Pero cuando intentaba el relleno…NADA, No salía.

Por supuesto no me di por vencida, volví donde mi tía y le pedí por favor repitiera el hacer la receta delante de mí para verificar cada paso nuevamente.
¡AH! ¡Esa era la razón! Nunca lo hubiera logrado hacer correctamente. Estaba mal el orden de los ingredientes, no había anotado lo más importante; luego de cuajar la maicena y que esta endureciera, era el momento de echarle el jugo de limón, luego lo mezclaba bien después de apagar el fuego.
Yo había estado haciéndolo mal, pues mezclaba todos los ingredientes juntos (incluyendo el jugo de limón) y por supuesto la maicena no podía endurecer jamás.
Luego de esto quedar tan claro, jamás he vuelto a tener problemas con el relleno de mi Pie de Limón, y trato de explicarlo bien cuando me solicitan la receta.
¡Qué bueno es hacer cada paso como debe ser para lograr el mejor resultado!

Asimismo resultaría la comparación con “LA SALVACIÓN” de tu alma, es como una receta, la cual debes seguir cuidadosamente. Si cambias algo del original, NO obtendrás los resultados esperados. Ya sabes a que me refiero…
Necesitas tener TODOS los ingredientes necesarios y un tremendo deseo de obtener el resultado, igual al que yo tenía de poder hacer el pie de limón de mi tía.
La Salvación requiere:
1.      Que te dejes convencer por el Espíritu Santo de pecado, justicia y juicio reconociendo que eres pecadora y que mereces el infierno eterno por tu pecado - Juan 16:8.
2.      Que procedas a un arrepentimiento genuino de tus pecados confesando a Jesús como tu Señor y Salvador personal para poder tener vida eterna y entrada en el cielo – Hechos 3:19; Juan 3:3; Romanos 10:9-10.
3.      Que entiendas que esta decisión es una decisión para toda la vida y que tu vida ahora no te pertenece, sino que le pertenece a Cristo al cual debes entregar cada día tu cuerpo en sacrificio vivo para comprobar cuál es su buena voluntad agradable y perfecta - Romanos 12:1-2.
4.      Que vivas creyendo y confiando en las promesas de Dios sabiendo que un día él te llevará a la patria celestial a vivir eternamente en la mansión que prepara para ti - Juan 14:2.

¡Te aseguro que si haces eso tendrás la MEJOR RECETA DEL MUNDO Actual y Venidero!
Doy Gracias a mi Dios que me permitió probar ambas recetas a tiempo:
EL PIE DE LIMÓN de mi tía, que puedo repetirlo cuantas veces quiera y disfrutarlo.
Y aún más importante, la SALVACIÓN, que me bastó hacerla UNA SOLA VEZ y sus resultados me han saciado plenamente en los 31 años que llevo convertida a Cristo y confío lo seguirá haciendo hasta el fin de mis días.

Adjunto la receta del Pie de Limón de mi tía por si te animas a probarla… espero te guste.

Pero más importante que esto, espero te animes a probar la MEJOR RECETA, la de la Salvación de tu alma.
 No has probado una delicia mayor, su sabor permanece latente cada segundo, minuto, horas, días, semanas, meses, años…
No se acaba… es Eterna.
A diferencia con el Pie de Limón, que sí se acaba o se daña.
¡Buen Provecho!

“Pie de Limón” (de mi tía)
Masa:
2 tazas de harina
 media taza de manteca Crisco o margarina
 media taza de agua fría
 2 cucharaditas de Royal
 media cucharadita de sal
(se mezclan todos los ingredientes a mano y se extienden sobre un molde untado con mantequilla, y se hornea hasta dorarlo)

Relleno:
2 tazas de agua
 1 taza de azúcar
 un cuarto de taza de jugo de limón
 6 cucharadas de maicena
 3 yemas de huevo
(se mezclan los ingredientes: el agua, el azúcar, la maicena y los huevos batidos, se ponen a hervir , meneándose constantemente, cuando hierva y se espese la maicena, se apaga y se añade el jugo de limón y se coloca en el molde con la masa ya lista)

Suspiro:
3 claras de huevo
 1 y media taza de azúcar
 tres cuartos de taza de agua
(el agua y el azúcar se hierven a punto de hilo, y las claras de huevo se baten a punto de nieve; luego se le vierte el almíbar a las claras mientras se baten hasta que se cocine y se mezcle el suspiro)
 Ya listo el suspiro, se le coloca a la masa con la crema de limón, y se pone unos minutos en el horno bien caliente para dorar el suspiro.
¡Y Ya está listo! Déjelo enfriar un poco y a la nevera, se sirve bien frio.

sábado, 18 de diciembre de 2010




Pongamos Sal a Nuestra Predicación

Por Yoli de Mallén

 “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Romanos10:14-15.

¿Cuántas veces hemos leído y re-leído estas palabras? Sabemos a conciencia que es a nosotros que Dios nos está hablando.  ¿Y qué estamos haciendo?

Y con estas otras palabras que menciona Timoteo en su segunda carta, versos 1 y 2:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino que prediques la palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”

No puede el Señor ser más claro con su mandato, de nuestra responsabilidad de llevar la palabra, la noticia, las buenas nuevas de Salvación a otros; llevarles a conocer de Cristo, del Cristo crucificado.

Pero no solo es hablarles, sino que nuestra palabra sea con gracia, sazonada con sal, como dice Colosenses 4:6:
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno.”

Este relato que aparece a continuación lo leí hace poco en un libro que una hermana compartió conmigo llena de entusiasmo. El libro se titula “Si quieres caminar sobre las aguas, tienes que salir de la barca” por John Ortberg.
Y esta anécdota que comparto contigo hoy estaba dentro de la lectura, la copié tal cual se narra en las páginas 83 a la 85:

“Jeffrey Cotter relata una ocasión, un inolvidable viaje en avión en el que se arriesgó. De regreso de una entrevista de trabajo y vestido con “blue jeans”, este pastor se encontró sentado junto a un hombre de negocios, lector de Wall Street Journal, con un portafolio y traje tipo diplomático. El impulso inicial de Cotter fue evitar cualquier conversación ( en especial relacionada al trabajo), pero cuando Don Graduado de Finanzas lo saludó, perdió esa opción. El hombre laboraba en lo que denominó el negocio de clínicas embellecedoras de la figura. Le habló de la manera en que podía cambiar la autoestima de una mujer cambiando su cuerpo; también le habló de su emoción acerca del poder y el significado de lo que hacía.
Cotter quedó impactado por el orgullo del hombre, su trabajo y sus logros. Se preguntó por qué los cristianos no somos más así y por qué somos con frecuencia tan defensivos respecto a nuestra fe. Se percató entonces de que, debido al temor, había permanecido esquivándolo durante todo el vuelo.
Observando con escepticismo la vestimenta de Cotter, Don Graduado en Finanzas le preguntó sobre su trabajo.

Dejemos que Cotter lo cuente desde aquí:
El Espíritu comenzó a moverse sobre la faz del abismo. ¡Orden y poder surgieron del caos! Una voz, un susurro, me recordó: “Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor”.
-Qué interesante que tengamos semejantes negocios e intereses- le dije- Usted está en el negocio de la transformación del cuerpo; yo, en el de la transformación de la personalidad. Aplico principios básicos teológicos para lograr la modificación esencial de la personalidad.
Mordió el anzuelo, pero sabía que nunca lo admitiría. (El orgullo es poderoso)
-¿Sabes qué?, ya he oído de eso- respondió con duda- pero, ¿tiene oficinas en la ciudad?
-Bueno, tenemos muchísimas oficinas. Por todo el estado. Es más, tenemos presencia nacional; tenemos al menos una oficina en cada estado del país, incluyendo Alaska y Hawaii.
El hombre tenía una mirada intrigada. Trataba de identificar a esta gran compañía de la que seguramente había leído o escuchado antes, tal vez en su Wall Street  Journal.
-De hecho, ya nos expandimos a nivel internacional. Y la administración tiene planes de establecer al menos una oficina en cada país del mundo para el final de esta era de negocios.
Hice una pausa y le pregunté:
-¿Su negocio tiene un plan semejante?
-Bueno, no. Todavía no- me respondió- pero usted mencionó a la administración. ¿Cómo hacen que todo funcione?
- Es una preocupación familiar. Un Padre y su Hijo… manejan todo.
-Debe costar  muchísimo capital – comentó  con escepticismo.
-¿Se refiere al dinero?- pregunté- Sí, eso supongo. Nadie sabe cuánto cuesta, pero no nos preocupamos porque nunca nos quedamos cortos de recursos. Parece que el Jefe siempre tiene suficientes. El es una persona muy creativa… Y el dinero, bueno simplemente esta ahí. Es más los que estamos en la compañía tenemos un dicho acerca del Jefe: “El posee todo el ganado sobre miles de montañas”.
-Oh, ¿así que también se dedica a  la cría de ganado?- preguntó mi cautivado amigo.
-No se trata de un dicho que utilizamos para indicar su riqueza.
Mi amigo se acomodó en el asiento.
-¿Y qué de usted?- me preguntó.
-¿Los empleados? Somos todo un caso -  le dije- tenemos un “Espíritu” que satura la organización. Funciona más o menos así: El Padre y el Hijo se aman tanto que su cariño se filtra a través de toda organización de manera que terminamos amándonos unos a otros también. Sé que esto se oye muy anticuado en un mundo como el nuestro, pero hay gente en la organización que esta dispuesta a morir por mí. ¿En su negocio pasa algo semejante?

En ese momento estaba a punto de gritar. La gente comenzó a moverse notoriamente en sus asientos.
-Todavía no –contestó Y luego cambiando rápidamente de estrategia, me preguntó- ¿Y le ofrecen buenas prestaciones?
-Son abundantes – contraataqué con un destello- Tengo seguro de vida total y seguro contra el fuego, todo lo básico. Puede no creer esto, pero es cierto: Tengo la propiedad de una mansión que se está construyendo en este momento para cuando me retire. ¿Cuenta usted con eso en su negocio?
-Todavía no – respondió en tono melancólico.

Comenzó a amanecer.
-¿Sabe qué?, hay algo que me incomoda. He leído muchos periódicos y revistas y, si su negocio es todo lo que usted dice que es, ¿por qué no he escuchado nunca acerca de él?
-Esa es una buena pregunta - le dije – Después de todo, tenemos una tradición de más de dos mil años… ¿Quisiera asociarse?

Durante los siguientes cinco minutos, nos convertimos en algo más que extraños casuales.

Creo que definitivamente Nuestro Señor sazonó con sal las palabras del hermano Cotter para hablarle a su compañero de viaje.
Aprovechemos este ejemplo y pidámosle a Nuestro Dios podamos predicar con Gracia y Denuedo cada vez que se nos demande razón del evangelio.

¡Adelante hermanos, que podamos ser considerados por Nuestro Señor dentro del grupo de “los pies hermosos” por anunciar las buenas nuevas de Salvación!